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Tres morillas

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Los reyes se valían de los poetas para propagar sus noticias. En el Jaén islámico comienzan a destacar poetas como Ubadis b. Mahmud, que durante años compuso cantos laudatorios para propagar la magnificencia de su amo, el rebelde muladí Ibn-Saliya, señor de Sumuntán (Sierra Mágina). Mientras tanto un ciego de Cabra va a poner de moda unas canciones nuevas tipo popular que se van a generalizar rápidamente por todo Al-Andalus: el zéjel.

Uno de los más bellos y populares del género llevará el sello giennense y se trata de la canción de las tres morillas de Jaén, que transcribe Barbieri en el Cancionero de Palacio (siglos XV y XVI) y que los distintos estudiosos difieren en cuanto a su catalogación: Menéndez Pelayo opina que es un romance morisco novelesco, Rodríguez Marín lo clasifica como villancico fronterizo y para Julián Ribera es una canción árabe pura que nació en Bagdad, encontrándose versiones parecidas en Portugal. Romance, villancico o zéjel, lo cierto es que este cantar popular es de los más ricos en belleza y armonía, llegándonos en forma pura como viejísimo testimonio de la lírica giennense:

Tres morillas me enamoran

en Jaén:

Axa y Fátima y Marién.

 

Tres morillas tan garridas

iban  a coger olivas,

y hallábanlas cogidas

en Jaén:

Axa y Fátima y Marién.

 

Y hallábanlas cogidas

y tornaban desmaídas

y las colores perdidas

en Jaén:

Axa y Fátima y Marién.

 

Tres moricas tan lozanas,

iban a coger manzanas

y cogidas las hallaban

en Jaén:

Axa y Fátima y Marién.

 

Uno a uno y uno a una

se quieren bien:

Axa, Fátima y Marién.

 

Entre las 423 composiciones que recoge el libro de las Cantigas de Santa María hay una, la CLXXXVII, que narra un incidente fronterizo en la provincia de Jaén: Esta é como Santa María amparou o Castelo que chaman Chincoya a os mouros que o querían fillar. Está escrita en gallego, la lengua entonces de más prestigio peninsular en el campo de la lírica y aparece con su música y miniaturas. Es probablemente una en las que H. Anglés nota influencias de la lírica medieval trovadoresca, o tan vez esté basada en un tema popular.

 La importancia de esta composición no radica solo en el campo de la música, si no que, como el género romanticístico, tiene un importante valor testimonial e histórico, al aclararnos la situación de una plaza fronteriza de imprecisa descripción en las crónicas medievales:

 

Aqueste castelo está

en o Reino de Geen

e un alcaide y avia

que o guardava mi ben;

mais de guardalo a cima

lle menguo muito osen,

assi que per pouco un dia

o ouvera de perder.

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