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El tiempo, que "ni vuelve ni tropieza"

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El tiempo, que ni vuelve ni tropieza  (Francisco de Quevedo)

Arrebaña el tiempo con ambas manos (Séneca)

Tempus fugit (El tiempo huye) (Virgilio)

  Alguien escribió una vez que la forma de despedirse evidencia la creencia que de las personas en creemos inmortales. Decir 'hasta luego' o 'nos vemos pronto' o simplemente ‘nos vemos’ como fórmulas de despedida es presuponer que siempre habrá un reencuentro y da la impresión de que ignoráramos las miles de posibilidades que existen de no volverse a ver.

   A medida que nos vamos haciendo mayores llegamos a comprender que ver a una persona, de lo cual te alegras mucho, no significa necesariamente que vayas a que vover a verla. Por eso se suele decir: ‘que nos sigamos viendo muchos años’, y sobre todo a las personas de más avanzada edad, una edad que puede que no les permita arribar al próximo mes, pero queda de expresa la necesidad, la esperanza, el gusto de volver a verse. Otra vez, otro día. Y los deseos tamizados por la conciencia se traducen en realidad, en certeza. He, entonces, recordado ese extraño pensamiento que consistía en relacionar las despedidas con el sentimiento de infinitud y lo he comprendido todo. Nos imaginamos siempre vivos. 

   No obstante, hay una edad en la que ya uno advierte que hay más vivido que por vivir. Que el tiempo avanza inexorablemente y la balanza se inclina por el peso de los días pasados ante los días venideros. Te das cuenta de que has traspasado el ecuador de tu existencia cuando los ministros que te gobiernan, las dependientas de las tiendas, los policías que te multan, los médicos que te asisten, los jefes y catedráticos, los padres con hijos en los parques son mucho más jóvenes que tú. Hasta el papa podía haber sido más joven que tú. Te percatas cuando tus conversaciones versan sobre una oferta en el supermercado, bebés, política e hipotecas. Te das cuenta cuando ya no piensas en todos los lugares a los que te queda por viajar. Al contrario, miras con melancolía todos los países a los que jamás irás. Porque no tienes tiempo. Empiezas a mirar las esquelas y las lápidas de los cementerios y ves gente más joven que tú que dejó de existir. Te das cuenta que el periódico tilda de ‘anciana’ a una mujer, más o menos de tu edad, atropellada por un tren.  Empiezas a comprender por qué se cuela ese señor mayor en la cola del supermercado, a pesar de que, presumiblenete, no tendrá demasiado que hacer: porque le queda ya poco tiempo.

   Porque tomas conciencia de que no tendrás ocasión de realizar todo aquello que creías tan necesario, de leer los libros que tenías pendientes. Te das cuenta la primera vez que te hablan de usted y te llaman ‘caballero’. Te das cuenta cuando tus padres te piden consejo, en lugar de dártelo ellos a ti. Te das cuenta cuando te sorprendes a ti mismo criticando a unos niños porque están haciendo cosas que tú mismo solías hacer no hace tanto. Te das cuenta cuando lees algo sobre el paso del tiempo y te sientes identificado.

  Y a pesar del tono algo melancólico de este artículo me permito despedirme de todos vosotros/ustedes con un 'hasta pronto'. Mortales, sí; efímeros, también. Pero no por eso hay que perder los modales.

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Comentarios El tiempo, que "ni vuelve ni tropieza"

Reconozco todos esas situaciones que nos llegan a las personas de una edad. Hay otra que veo que nos está llegando a muchas: el conocimiento de la teoría einsteniana de la relatividad. Mejor dicho, el escaso y muy probablemente erróneo conocimiento de esa teoría, el conocimiento del aficionado sin constancia ni rigor. Soy uno de estos aficionados, y vengo a confesar que mi afición me está deparando algunos ratos agradables; me veo saludando a Stephen Hawking que estás en los cielos y alcanzando la eternidad a base de correr muy deprisa por el espacio-tiempo, escapando de paso de los voraces agujeros negros, que te quieren volver a la nada los hijoputas. Pero esos ratos son los menos; honestamente, los más de los ratos me siento sumido en un follón impenetrable de fórmulas matemáticas y observaciones astronómicas del que me resulta imposible salir. Si esto sigue así, tendré que recurrir a las reservas. Tengo una que me parece bastante prometedora: la teoría de la transmigración de las almas; pierdes tu cuerpo pero igual ganas el de Paul Newman. Segunda y última confesión: tengo apartados unos eurillos para el viaje a la India y las clases particulares del gurú.
Isaac Hurtado Parrilla Isaac Hurtado Parrilla 18/07/2018 a las 05:41

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