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Tercera edad

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Antonio Mercero

 

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Margot Kidder

 

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Tom Wolfe

 

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Philip Roth

 

Llega el tiempo en que a uno le da por mirar los obituarios de los periódicos, a fijarse en las esquelas que ponen en las paredes visibles de los pueblos. A veces topas con alguien, negro sobre blanco, dentro de la negra orla de la esquela cuyo nombre te suena, aunque solo lo conocías por el nombre de pila o por el apodo. A veces ves que ha caído uno que era más joven que tú. Puede que estés ya en eso que llaman la tercera edad, esa edad en la que si te mueres la mayor parte de la gente dice: “hombre, no era mayor, pero ya no era un niño”, esa edad en a que puede que algún cronista diga que “una anciana ha muerto arrollada por un tren en el paso a nivel de…”

   La tercera edad no se sabe muy bien donde empieza y donde termina, no existe un tiempo liminal preciso que separe las edades. En realidad tampoco sabemos muy bien donde empieza la segunda o la primera edad, pero parece que eso importa poco o al menos se habla menos de ella. La primera y segunda edad, si hubiera que definirlas de una manera fácil, serían aquellas en la no piensas que existe una tercera edad que con suerte te llegará algún día. En realidad, eso de la tercera edad va por turnos, es decir, no la sientes ni la presientes en tanto haya un turno por encima de ti. En otras palabras, mientras que haya sesentones, los cincuentones no se sienten en la tercera edad, ni los sesentones mientras haya setentones, etc.

   La cosa cambia cuando de pronto, un día miras hacia adelante y ves que ya no están tus abuelos, ni tus padres, ni tus tíos, cuando repasas la lista de los que fueron tus vecinos de calle, cuando eras niño, y no queda ya nadie de esas personas que te hacían joven. Es entonces es cuando te das cuenta que tú eres el primero de la lista, que ha llegado tu turno para quedar fuera de juego, que has entrado en ese momento cronológico que ha venido en llamarse tercera edad, aunque seas sólo cincuentón. No es una cuestión de años, es una cuestión de turnos, y cuando ya no están los que te dieron la vida, aquellos que tuviste siempre presentes en tiempos pasados, tu turno ha llegado, tú eres el siguiente. Da igual si tienes 50, 60 o 70 tacos de vellón. Tu turno de tercera edad llega cuando no tienes a nadie delante de ti, que todos los tuyos, que toda la gente que te importa está situada detrás.

    Suerte que existen subterfugios que uno se busca para que los pocos o los muchos telediarios que le quedan (más bien lo primero) no se hagan demasiado pesados. Como alguien dijo, la vida está para vivirla, y la tercera edad se puede vivir (casi) igual o mejor dicho se puede (casi) percibir igual si se dan unas circunstancias felices que son como un simulacro de lo que te puede venir algún día. Cuando los hijos propios no son lo suficiente mayores o se hacen los remolones para darte nietos, puede ser que ya seas tío-abuelo por parte de sobrinos o sobrinas que ya han traído algún vástago al mundo. Puede que este sobrino-nieto te empiece a someter a un entrenamiento jubiloso para el ingreso en la tercera edad.

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