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Opio de los tristes

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   Ver fotografías viejas es siempre un ejercicio de nostalgia. Hay una nostalgia que no significa nada, que no nos enriquece, que es solo eso: nostalgia de cuando uno era. Esa nostalgia hurga en los desmontes del corazón, en sus heridas, y nos trae encima de la mesa de escribir todos los restos del naufragio que encuentra. No debemos hacerle mucho caso a eso, porque se trata tan solo de un espejismo. Es una nostalgia que nunca da con algo que merezca verdaderamente la pena, hecha de minucias, naderías, esquirlas de la explosión, remembranza del miembro amputado que aún sentimos como propio.

   Después de Jacques Derrida empezamos a sospechar la fatalidad de la circularidad del amor, de tropezar dos veces sobre la misma piedra. El límite que separa las manifestaciones del amor sano del perverso prácticamente se ha desdibujado.

    TAGS:undefinedHoy, viendo las viejas fotografías posando por la playa de Castelldefels de los años 70 y ante el macizo de Montserrat con el amigo gallego y Salvador Montijano he sentido algo parecido a aquello que alguien definió como "esa oscura envidia de de uno mismo", opio de los tristes, droga alucinógena que te hunde a la vez que te alivia y te hace sonreír mientras te clava en la espalda sus pretéritos perfectos e imperfectos,,,
 

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