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Nacho y Ana

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Nacho y Ana

En la cena no faltaron media docena de ostras y una botella de vino frío. Después, mientras separaba las espinas del pescado, pensé en la situación en que me encontraba frente a Nacho. Ante su insistencia había accedido a salir a cenar con él. Me sentía extraña en aquella situación; conocía a Nacho desde hacía muchos años: compañero de estudios, compañero de tertulias, compañero de trabajo. Para mí hasta ahora había sido como un familiar, pero no me sentí molesta, curiosamente, cuando me recorrió la entrepierna con la punta de su zapato por debajo del mantel.

Me encontraba aturdida, pero después de la cena me dejé llevar a aquel local al que se accedía descendiendo por una escalera angosta y empinada. Algunas parejas bailaban ritmos pasados de moda en la reducida pista de baile y una densa cortina de humo flotaba bajo las breves luces naranja.

La iluminación de la pista fue bajando en intensidad y me vi en la pista bailando el Only You, de Los Platters. Le dejé hacer, mi pecho se estrechaba contra el suyo y su mejilla rozaba la mía. Me gustaba sentirle, notar su respiración próxima a mi cuello, percibir los latidos de su corazón en mi propia piel.

Siguieron otras melodías de ritmo lento. Su mano sudaba al contacto con la mía y aquello tampoco me desagradaba y cuando depositó un primer beso leve en mi cuello, sentí como una corriente de calor que recorría toda mi espalda. Siguieron otros besos, cada vez más intensos hasta llegar a los labios. Me sentía incómoda y le propuse abandonar el local.

-¿Te ha parecido mal que te bese?

-No… Me ha gustado.

No sé por qué lo dije, pero por un momento me olvidé de Rocco, del que seguramente seguía enamorada, pero que su alejamiento me hacía sufrir desde hacía más de un año, provocando en mí una actitud huidiza y defensiva hacia los hombres. Pero creo que fui sincera al decirlo.

 Terminamos la copa y me tomó del brazo hasta que llegamos al coche. Después de abrirme la puerta lo rodeó por delante, entró y se acomodó en el asiento del conductor. Antes de arrancar, se volvió hacia mi, hizo girar mi rostro con su mano y me besó. Acaricié su nuca. Su mano descendió a mi cintura mientras y la retiré con cierta brusquedad cuando se encontraba cerca de mis pechos.

Viajamos en silencio. Rocco se me manifestaba provocando en mí sentimientos encontrados. Alguna vez cuando cambiaba de marcha, Nacho dejó su mano sobre mi rodilla, pero yo se la aparté con suavidad.

Al llegar a mi casa, detuvo el motor y se volvió hacia mí.

-Bueno, Ana. ¿Y ahora hasta cuando?

-Podemos tomar la última arriba -dije sin pensarlo.

Tuve que apartarlo de nuevo mientras subíamos en el ascensor. Me siguió como un perro faldero hasta la cocina y me ayudó a sacar el hielo para preparar las copas. Puse muy poco whisky en el mía pues creía que podía emborracharme al primer sorbo.

Cuando regresé del baño, Nacho estaba desnudo sobre el sofá, que había convertido en una gran cama. Era un hombre hermoso, más hermoso de lo que aparentaba vestido,  y me sentí asombrada ante la magnitud de sus atributos masculinos, ya en erección. Como en estado de hipnosis, me fui acercando lenta…, inexorablemente. Y...

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Comentarios Nacho y Ana

y, y, y...... pero hombre eso no se deja así, sigue sigue.....
jaén 18.50 horas del viernes 117 de septiembre 09
a punto de descargar una tormenta que viene por Mancha Real.
La tormenta, a la que alude Antonio, es la que se lió después del "Y..."
Hiiijo mío... Parece tan real que por un momento he llegado a creérmelo (aunque, en honor a la verdad, me acordaría...¡¡vaya sí me acordaría!! :-P , suponiendo que la susodicha sea quién me imagino...que va a ser que no... :-D :-D )
Me ha gustado tanto que, por esta vez y sin que sirva de precedente, te perdono el post del beso ¡ea!
¡Hombre, Antonio! No puedo andar dándolo todo mascado a lectores inteligentes como vosotros. Dejo a vuestro albedrío la continuación y la conclusión. No quiero herir susceptibilidades y que se me considere un individuo procaz y de torpes instintos que se recrea en situaciones de corte sicalíptico (¡vaya palabreja!).

En cuanto a ti, Ana, no creo que te acuerdes de todas y cada una de tus andanzas, pero si tú lo dices...


¿Éste es "el Nacho"?????

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