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Miguel Henández. La boca

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Miguel Henández. La boca

En un acto sencillo aunque emotivo, ayer día 16 de diciembre, aniversario de la muerte de Rafael Alberti, tuvimos ocasión de leer una selección de poemas de Miguel Hernández, en el año del centenario de su nacimiento, junto a una semblanza individual del gran poeta de Orihuela, muerto a los 31 años de forma trágica en la cárcel de Alicante en 1942, aunque en plenitud de creación poética.

Escogí el poema “La boca”, perteneciente al Cancionero y Romancero de Ausencias, que recoge poemas escritos por Miguel Hernández Gilabert entre 1938-1941, su última producción poética.

La metáfora central sobre la que se construye el poema es la de los labios como ave con las alas desplegadas, imagen de un amor que se traduce en alba, vuelo, libertad.

La boca forma parte del léxico poético de Miguel: 

-          como símbolo amoroso: “y tu implacable boca de labios indomables”, en la “Canción del esposo soldado”;

-          como herida: “la bipartita llama de una obra”, en la “Oda entre sangre y vino a Neruda”;

-          como medio para gritar: “espumosa boca de canciones” en “Nuestra juventud no muere”;

-          como arma: “que atacan con el pómulo nevado, con la boca” en “El soldado y la nieve”;

 

Etcétera.                                                     

En este poema, la boca se convierte en un símbolo telúrico que abarca a toda la naturaleza: El cielo –labio de arriba-, y la tierra –labio de abajo-.

Por último, destacar la aparición en este poema de las tres heridas hernandianas, de la vida, de la muerte y del amor, ya enunciadas en su poema 25: “Llegó con tres heridas” del mismo Cancionero y Romancero de Ausencias, y que vuelven a aparecer en este poema como constante de referencia vital.

LA BOCA

Boca que arrastra mi boca:
boca que me has arrastrado:
boca que vienes de lejos
a iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches
un resplandor rojo y blanco.
Boca poblada de bocas:
pájaro lleno de pájaros.
Canción que vuelve las alas
hacia arriba y hacia abajo.
Muerte reducida a besos,
a sed de morir despacio,
das a la grama sangrante
dos tremendos aletazos.
El labio de arriba el cielo
y la tierra el otro labio.

 

Beso que rueda en la sombra:
beso que viene rodando
desde el primer cementerio
hasta los últimos astros.
Astro que tiene tu boca
enmudecido y cerrado
hasta que un roce celeste
hace que vibren sus párpados.

Beso que va a un porvenir
de muchachas y muchachos,
que no dejarán desiertos
ni las calles ni los campos.

¡Cuánta boca haya enterrada,
sin boca, desenterramos!

Beso en tu boca por ellos,
brindo en tu boca por tantos
que cayeron sobre el vino
de los amorosos vasos.

Hoy son recuerdos, recuerdos,
besos distantes y amargos.

 

Hundo en tu boca mi vida,
oigo rumores de espacios,
y el infinito parece
que sobre mí se ha volcado.

He de volverte a besar,
he de volver, hundo, caigo,
mientras descienden los siglos
hacia los hondos barrancos
como una febril nevada
de besos y enamorados.

Boca que desenterraste
el amanecer más claro
con tu lengua. Tres palabras,
tres fuegos has heredado:
vida, muerte, amor. Ahí quedan
escritos sobre tus labios.

 

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Comentarios Miguel Henández. La boca

Estoy acordándome de cuando yo era niña; cuando el primer sol, como otro niño que venía a jugar conmigo, entraba alborotando hasta mi cama, cuando la fe en lo maravilloso florecía en mi corazón, cuando las bestias todas, los matojos, la yerba y las nubes tenían para mí la plenitud de su valor mágico
Cuando el goteo de la lluvia me traía sueños del país de las hadas, y la voz de mi madre, en el anochecer, daba sentido a las estrellas
Y pienso en la Muerte, en el levantarse del telón y en la mañana nueva; y en mi Vida despertada con otra sorpresa de Amor.

¡Qué niña tan bonita aparece en esa foto! ¡Qué sonrisa tan pilluela y a la vez tan limpia! Preciosa, como ahora. Te envío un beso enorme, María. Y no mires al pasado con demasiada nostalgia; la nostalgia es algo completamente inútil, el refugio de la tristeza. Sonríe con esa sonrisa que aparece en esa niña que eres tú. 

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