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Maletas

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 TAGS:undefined  Mis primeras maletas las cargaba yo a hombros, cuando no podía permitirme pagar un taxi. Aquellas maletas contaban historias casi siempre incompletas, a veces demediadas. Me acompañaron durante años por estaciones, ferrocarriles y carreteras. Cuando por fin se asentaron, las maletas aprendieron a ser sedentarias, a dormir en los altillos, esperando ser asidas y rellenadas. A diferencia de las cajas de cartón, que recogen recuerdos y menajes, las maletas y mochilas se llenan de utilidad y prioridades, de estricta jerarquía, de aquello que necesitarás en el lugar hacia donde vas, y que te permite seguir siendo tú mismo en otros lugares.

   Viven contigo los cambios, las transiciones, y dan tumbos por las estaciones en las que se cambia de tren y de destino. De vida. Huelen a moqueta de hotel y colonia de extranjero, a maletero de taxi y a friegasuelos de aseo público, a ropa sucia y guía de viajes, a cable de cargador y medicinas sueltas, a memoria y a olvido, a recuerdo y a experiencia.

   Maletas cargadas de ilusiones se montaban en los trenes del hambre, o de la vergüenza. Palomas que volaban para levantar otra tierra, pensando en la suya, recordando sus problemas. Huían de los señoritos andaluces, para refugiarse en la piel de cordero burguesa. Poder volver con una maleta nueva y que todos vieran lo bien que vivías en aquellas tierras de promisión en las que habías recalado.

   A veces, sin embargo, las maletas guardan la ropa que nunca te pones pero no te decides a tirar. Vuelvo a recordar aquellas maletas, muy pesadas que te hacían un rebaje en el hombro. Parecía que nunca ibas a llegar a tu destino. Porque cualquier equipaje pesa demasiado, menos la maleta del conocimiento: que hace más liviano y agradable el viaje de la vida.

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Comentarios Maletas

Me da gusto leer tu memoria de las maletas de antes. La comparto y está bien escrita, mejor que la que yo hubiera podido escribir en el momento.
Si acaso, añado la celebración de unas "maletas del conocimiento" de ahora: los ordenadores portátiles, las tabletas, los teléfonos móviles con mucha memoria, los pendrive, las tarjetas digitales; y "la nube" para quienes se conecten a internet. Expanden el cerebro y en general pesan menos; pueden golpearte con mucha basura, pero tampoco era golpe chico el de la maleta "clásica" que te caía encima desde la redecilla del vagón.
Isaac Hurtado Parrilla Isaac Hurtado Parrilla 18/07/2018 a las 04:17

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