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Carta de Keats

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Han existido poetas  malditos, poetas enamorados, poetas comprometidos y poetas que han muerto jóvenes. Pero pocos poetas han vivido tantas cosas (todas estas y unas cuantas más) y en tan poco tiempo como John Keats, debilitado y atrapado por el estigma familiar de la tuberculosis, entregado frenéticamente a la escritura, cautivo de una vocación casi religiosa que lo alejó de la medicina y lo abocó a ser devoto de la belleza y del rigor.

   Pocos poetas han usado el género epistolar con la intensidad que el inglés lo utilizó para hacer teoría y para reflexionar sobre la literatura y sobre su literatura. Dirigidas a los hermanos, a los amigos, a las personas a las que quería, las cartas de Keats son una enciclopedia y también una educación sentimental. Como las que escribió para Fanny Brawne consciente de la muerte que lo asediaba y de la imposibilidad de su amor, con la rabia y el terror que sufre quien sabe que no podrá volver a besarlo. Ahora, la casa Bonhams de Londres subasta una de las cartas.

   Es breve y de trazo melancólico. Keats evoca besos y labios. ¿Por qué hablar de labios si ya no pueden besar? «Hoy es mejor que no venga», dice el poeta a su enamorada para evitar contagiarle la tuberculosis. Es una carta desesperada que valdrá miles de euros y alguien alardeará de tenerla guardada en un cajón. O quizá la expondrán en una muestra conmemorativa, en una urna. Pero en ella suspira el espíritu de Keats. Y esto no tiene precio.

  http://www.balovega.com/2011/11/cartas-de-john-keats-fanny-brawne.html

  http://romanticismo.livejournal.com/4162.html

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Comentarios Carta de Keats

Mi debilidad por el Romanticismo Inglés (al igual que el Siglo de Oro) logrará que me pierda.
Jamás he comprendido las subastas y esa necesidad que tienen, las personas con posibles, de hacerse con retazos de vida que deberían permanecer en sus tumbas.
Sacrilegio invadir de esa manera los sentimientos ajenos y no te digo tenerlos en una caja fuerte para mirarlos y sentir ¿qué?
El mundo esta loco, no crees Pepiño?
Bicos.
Estoy de acuerdo. Recuerdo que alguien hace años pagó una fortuna por una chuleta de cerdo mordida por Elvis Presley. Seguramente aquello de recorrer ese contorno donde una vez se posó la divina dentadura provocaría oleadas de placer.
Dejemos en paz a los muertos y no desvelemos sus debilidades.
Besines.

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