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Caprichosos mercados

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Ahora resulta que los gobiernos hacen piruetas para “contentar a los mercados”, esos entes caprichosos que no se sabe de qué forma reaccionarán o sobrerreaccionarán. Ora es preciso realizar reformas, ora las reformas son estimadas insuficientes, ora traerán efectos secundarios indeseados y en minutos se esfuman los ahorros conseguidos céntimo a céntimo a lo largo de toda una vida. Hay analistas técnicos y fundamentales que se echan las manos a la cabeza al contemplar el comportamiento errático de los índices, incapaces de seguir el modelo que se había instituido en la teoría. Lo más curioso del caso es que al día siguiente los analistas surgen como las setas para tratar de explicar los acontecimientos, pero son justificaciones que valen para unas horas. Los mercados son casinos donde los jugadores manejan nuestro dinero, normalmente para arrojarlo a la ruleta o al bacarrá, echando mano de alguna forma no documentada de ludopatía, en que se tiene el convencimiento de que siempre gana la banca, pero que no obstante se sigue apostando y apostando, esperando que por una vez el azar termine por sonreír.

Vivíamos más tranquilos sin saber del Nasdaq, del S&P 500, del Eurostoxx 50 o del Nikkei, la paridad del euro-dólar, el precio del arroz o del oro. Pero el caso es que estos índices influyen en nuestras vidas, en la crisis desatada y en las posibles soluciones, muchas veces haciendo inútil cualquier medida, por muy dolorosa que sea. Lejos quedan los momentos de euforia en que cualquier indocumentado era capaz de enriquecerse. Al final nuestro estado del bienestar se irá al garete; irán paso a paso y sin desmayo recortando derechos y nos irán haciendo más pobres y más esclavos. Pero eso no garantiza que los mercados se contenten. Al contrario, como alimañas se arrojarán contra la gacela más debilitada hasta su despedazamiento final.

Me pregunto cuánto ganaría el famoso especulador George Soros con el anuncio el pasado viernes del la bancarrota de Hungría que supuso el enésimo desplome de los mercados, y con ellos la ruina de la mayoría. Difícil saberlo, pero es aterrador que una simple persona sea capaz de poner contra las cuerdas a empresas, a gobiernos, a estados y a la gente que los integra.

El dinero es un material sensible, medroso y de carácter tornadizo que huye en estampida con un simple rumor, haciendo que por las sentinas de los “mercados” desaparezcan toneladas de euros, de dólares, de yenes y demás billetaje. De forma virtual, es cierto, pero real, muy real. Luego cuando el rumor sea desmentido, el daño estará hecho y quedará mucha gente atrapada esperando recuperar su dinero, pero pueden pasar muchos años. Y a veces no recuperarlo en absoluto. Por fortuna, los habituales naufragios que se suceden día a día en los parqués, son menos cinematográficos y menos televisivos que en aquellos tiempos del crash del 29 en Wall Street, en que los inversionistas arruinados corrían a arrojarse desde los balcones en pos de su dinero perdido. Ahora nos arruinan de la misma manera, pero hemos desarrollado una suerte de fair play que nos lleva a sentir desagrado ante nuestras propias vísceras esparcidas por el asfalto, mientras esperamos el rebote.

Por lo que no paso es que salgan próceres de todos los estamentos invitándonos a hacernos un plan de pensiones que nos sacarán las castañas del fuego cuando los fondos públicos hayan adelgazado hasta el punto de que no garanticen el cobro de una pensión de jubilación en los años postreros de la vida en las próximas generaciones.

Todo lo confiaremos al arbitrio y al capricho de esos mercados que "tanto nos aman". Como se dice en Jaén: Señores y señoras vayan ustedes a cagar a la vía.

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Comentarios Caprichosos mercados

hola yayito campestre, supongo que pensaste que me había marchado pero no, hice una siestita. a propósito, no he visto escritas tus disculpas.
Sólo saber que estoy ... y sigo tus pasos cual lazarillo permanece al lado de su ciego mendigo ...
Te beso ... con pleitesía.
Muchas gracias, María. Ya te echaba de menos, te imaginaba caminando sobre la arena de las playas de Miño:
 

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