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La canción de Roldán. Fernando Sánchez-Dragó.

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   Fernando Sánchez-Dragó ha hablado de su libro “La canción de Roldán. Crimen y castigo”, editada por Planeta, y presentada por Juan del Arco en la librería Don Libro. Fernando es un personaje polémico, con tantos seguidores como detractores por las polémicas y opiniones vertidas en sus años de vida, que son 78, como él se encarga de recordar en cualquier instante. Hoy ha estado simpático y amable en grado sumo, alejado de esa connotación de pedante y narcisista que sus enemigos le atribuyen.
Ha recordado el concepto “trivialidad del mal” (no le gusta la palabra “banalidad”, un galicismo), acuñado por Hannah Arendt, que viene a decirnos que, en muchas ocasiones, el mal es ejercido por personajes oscuros que ejercieron su función maligna como simples técnicos o funcionarios cumplidores de órdenes. También nos dice que su libro es una novela, no una biografía ni un libro periodístico y lo que ha ido sabiendo del tema lo ha empleado exclusivamente como material literario.

   Luis Roldán, prototipo de todos los males de toda una época, era un Juan Pérez, un baturro, un hombre del común, como los que hallaban aquellos viajeros románticos del XIX (Richard Ford, George Borrow, Merimée, Davilliers, ...), que tuvieron más fácil encontrar bandoleros en las distintas administraciones que en las serranías. El escritor ha podido leer todos sus diarios, miles de páginas escritas día a día durante los años de reclusión de un hombre seriamente tocado por las desdichas sufridas. Un hombre que no escuchaba, como se dice en la primera página de la novela. Debe ser normal en una persona que ha estado aislada 10 años. Solo hablaba con él mismo. Roldán estuvo casi un año secuestrado por Paesa en dos apartamentos de lujo, pero dos zulos, de París, durante los cuales Paesa se dedicó a estrujar la opulenta ubre. Luego cuando se entrega en Bangkok comienza su crucifixión penitenciaria que dura 10 años en régimen de aislamiento, caso único en la Historia de España, y otros 5 ya en Zaragoza con beneficios penitenciarios, libertad provisional y cosas así.

   En el diario que Roldán, escrito día a día durante los 10 años de aislamiento penitenciario, miles y miles de páginas escritas a mano que el autor de la novela ha tenido que descifrar  porque Roldán ni siquiera las ha releído, sobrevuela un espíritu de venganza, de vendetta, de ajuste de cuentas. Eso no ha desaparecido por completo, como es natural, del Roldán de hoy, pero el Roldán de hoy efectivamente ha tenido una resurrección moral a partir del momento en que leyendo a Hegel se da cuenta de que ha traspasado la línea desdichada de la conciencia. Ahí empieza su regeneración moral. Y, por otra parte, sus lecturas: que van desde Aristóteles a lo último aparecido. Y, por otra parte, su encuentro con un sacerdote jesuita que lo visita, lo visita y lo visita, y a través del cual Roldán recupera la fe en el Dios de sus años infantiles. A partir de ese momento Roldán perdona, de la misma forma que, según S-Dragó debe ser también perdonado.

   Pero cometió el error de fugarse. Y, aún fugitivo, igual que a un muerto se le cuelga cualquier delito, se convierte en la percha ideal para que se descarguen sobre él todo lo que él y sus compinches en los años del lodo hicieron. Si Roldán no hubiese mordido el anzuelo que le tendió Francisco Paesa y hubiese regresado a España hubiese estado un año o año y pico en la cárcel como Rafael Vera y los demás, y se hubiese ido de rositas. A pesar de que sus robos sobrepasaron la percepción de los sobres que se distribuían a los altos funcionarios de interior, con cargo a los fondos reservados. Al final el dinero robado desapareció en un banco de Singapur en donde no pudo saltarse el secreto bancario y Luis Roldán tuvo que tragarse el marrón de los delitos reales e inventados, como único chivo expiatorio.

   Se arrepiente fundamentalmente de haber robado, de los delitos cometidos. Y se arrepiente de modo muy especial de cómo todo eso repercutió en sus relaciones familiares, tanto las conyugales como las filiales. Hoy Roldán y su tercera mujer, la rusa Natasha, a la que conoció por Internet viven muy modestamente en un pequeño piso de protección oficial en Zaragoza con su pensión de no más de 800 euros y la de ella, que, con la devaluación del rublo, no llega a 200 euros. Cuando salen al cine han de hacerlo el día del espectador, para poder costear las localidades.

   Fernando nos cuenta que no estaba por la labor de escribir este tipo de libro que le encomendó la editorial. ¿Por qué aceptó? Por dos motivos: porque al hablar con Roldán movido por la curiosidad había dicho que no iba a escribir ese libro se dio cuenta de que había carnaza literaria, una extraordinaria historia novelesca detrás. Y, en segundo lugar, porque al no haber escrito nunca un libro de esas características se enfrentaba a un formidable desafío literario en el que era consciente de quedar aniquilado como escritor y de todo lo contrario si era capaz de librar esa batalla y llevarla a término.

   La novela tiene cuatro referencias literarias clarísimas que honran al autor: la literatura es un río en marcha y todos somos hijos de quienes nos precedieron. Esas cuatro referencias son 'El cero y el infinito' de Koestler, 'Limonov' de Emmanuele Carrere y, sobre todo, Dostoyevski, del que aprendió la lección de que no se puede escribir sin piedad, por malvada que sea la persona de la que estamos escribiendo, y más que nadie, Truman Capote en 'A sangre fría'. Su novela y la de Fernando, y sus respectivas peripecias personales al escribirlas, se parecen asombrosamente.

  “Casi me llevó al suicidio, y no es broma, llegué incluso a preguntarle al neurólogo Gaona cuál era el procedimiento más indoloro para llevarlo a cabo, por lo que ahora le voy a explicar: yo a los 3 años le dije a una amiga de mi madre, que me preguntó que iba a ser de mayor, que iba a ser escritor. Y escritor soy, he sido y seré. Sólo eso. He hecho muchas cosas en la vida, pero todas ellas estaban encaminadas a la literatura. De igual modo que Don Quijote vivía en un mundo de gigantes y ejércitos yo he vivido siempre en una realidad literaria que, como decía Proust, es infinitamente más real que la propia vida. Si yo, a mis 75 años, los que tenía al empezar esta novela, no era capaz de escribirla, quedaba derrotado como escritor y, por lo tanto, no tenía ningún sentido para mí seguir viviendo. Marsé decía que, para escribir una novela hay que tener una historia, yo la tenía, hay que tener ganas de contarla, yo empecé a tenerlas a partir del momento en que me adentré en los diarios de Roldán, y, por último, hay que saber contarla, y yo no sabía contarla. Nunca había escrito un libro así, no me salía, fue durísimo. Me convertí en un aprendiz, con 39 libros escritos y 75 años en el calcañar. Ése fue el motivo que me condujo al borde del suicidio hasta que la avioneta despegó, me puse a sus mandos, y todo comenzó a fluir, como fluye la literatura cuando se convierte en felicidad. No ha sido en vano, ahora me siento como si tuviera 20 años”.

   Nos dice que todas sus novelas son de no ficción, lo que pasa es que no aparecen en ellas nombres propios. Toda su literatura es egográfica, incluso ésta, porque en la novela de Roldán hay dos novelas: la de Roldán y la suya propia intentando escribir ese libro a lo largo de una trepidante aventura que lo condujo a 7 países. Toda novela que merezca ese título lo es de no ficción, porque todo lo que un escritor que no sea un mero plumífero escribe es por definición autobiográfico. Es muy conocida la frase célebre de Flaubert: 'Madame Bovary soy yo'.

   Habla de diversas anécdotas referentes a la consabida falta de nivel con la que salen los titulados de las facultades. Tuvo la suerte de estudiar el Bachillerato de Don Pedro Sáenz Rodríguez en el que había 7 años de Latín, 3 de Griego, 4 de Literatura, 3 de Ciencias Naturales y 4 de Filosofía. Esas asignaturas eran Psicología, Lógica, Ética, Teoría del Conocimiento, Ontología e Historia de la Filosofía. Atribuye buena parte de lo mejor que hay en él si algo hay, a aquel Bachillerato. Suprimir la Filosofía, y el Latín y el Griego, del Bachillerato supone imprimir un considerable impulso a la tentativa de que el Homo Sapiens vuelva a convertirse en Simio. Fue lo que le dijo a un chico joven, licenciado en Economía, que le preguntó qué significaba esa palabra tan rara, “eximio”. “Si usted no ha oído nunca esa palabra usted no es un eximio, sino un perfecto simio".

   El turno de preguntas ha estado jalonada de anécdotas divertidas, de su amor a los gatos, a los que no se puede amaestrar, y que le gustan más que don Quijote o Marilyn. De lo vivido durante 38 años haciendo programas de televisión, que espera el Cielo, le tenga en cuenta,

   Y otras francamente tristes como las que apelan a los años de plomo, a los años de cárcel, en los que pudo experimentar el estalinismo rampante del PC de aquellos años 50, del asesinato de su padre, de que es escritor desde que con 3 años leía de corrido y se lo manifestaba a su abuela.

  Verdaderamente Fernando Sánchez-Dragó, que concluyó su exposición con la lectura de un poema de Claudio Rodríguez, para él el mejor poeta español desde Antonio Machado, hoy al menos ha sido un personaje encantador.

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Comentarios La canción de Roldán. Fernando Sánchez-Dragó.

Bravo.. José como siempre este RELATO me ha emocionado mucho tienes una inmensa capacidad entras un escritor exelente.. y le das otra buelta... con detalles.. y magia... me encanta la forma, y tu pluma, no dejes de actuar en esta superba pagina.... QRACIAS... JOSEILLO.... ????? estrellas.
clara clara 13/05/2015 a las 23:38
Gracias Claggita
Conozco poco a este señor, es verdad que en la 2 estuvo años y no sé quienes les veian, no puedo hablar sobre el, ni bien ni mal como escritor, porque no he leído nada de él.
Así que igual hay que conocerle un poco.
Un comenterio muy extenso has hecho Josè.
Saludos.
DuendeMarino DuendeMarino 14/05/2015 a las 09:29
Me ha gustado mucho tu escrito Pepe...tengo la sensación de haber estado allí presenciando el acto.
Solo puedo felicitarte por esta descripción tanto del libro, como de S.Dragó.
Un abrazo.
M.J.
maria jose maria jose 14/05/2015 a las 15:43
Muchas gracias, Clara, Marina y María José.

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