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Arquitectos

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  No sé por qué los arquitectos modernos se empeñan en hacer edificios tan feos. Incluso he oído que existe una corriente arquitectónica llamada “brutalismo”: cuanto más feo, mejor. No hay que comparar esos edificios con el Partenón. Basta comprobar que cualquier casita de montaña con su tejado de pizarra (que probablemente no ha trazado ningún arquitecto, sino un maestro de obras o un albañil, y a veces hasta el propio campesino, valiéndose de su intuición) es más bonita que muchos edificios de diseño. Los inmuebles deben ser funcionales y luminosos, nada más que eso. Y nada menos.

   Casi todo lo antiguo nos parece armonioso con relación a los ensanches, la mayor parte diseñados sin armonía ni criterio y con verdaderos mamotretos feos con avaricia, las sucesivas intervenciones sobre el "skyline" de una determinada ciudad ha venido a empeorar la parte clásica e histórica. Uno recuerda a veces las “cuatro columnas de cieno” de la desolación lorquiana.

  En Blitz, novela de David Trueba que leí no hace mucho, el protagonista es un arquitecto paisajista. Con tan solo leer que alguien es arquitecto paisajista uno piensa en un ser casi supremo, capaz de diseñar espacios terrenales, creador de mundos singulares en los que habitarán personas más felices, constructor de edificios integrados en la naturaleza, generador de naturalezas artificiales en las que viviendas y personas se conjuntarán sin que sobresalgan esquinas inoportunas o hábitats insufribles.

   Más o menos, eso pensaba el tutor de la tesis de Beto, el arquitecto paisajista protagonista de la novela: “El tutor de mi tesis sostenía que Dios fue el primer paisajista de la historia y que con los jardines tratamos de rescatar la memoria perdida del Edén.” Mas o menos eso deben creerse algunos de los arquitectos de renombre universal. Tocados por la mano divina dejan de ser humanos. También ocurre en otras profesiones (modistos, cocineros…). El problema es que los arquitectos mueven grandes cantidades de dinero creando sus faraónicas obras; inevitable recurrir al antiguo Egipto cuando de grandes constructores hablamos. Y en esos presupuestos hasta la mano divina parece coger su parte. Al menos eso es lo que ha ocurrido en España en los últimos años.

   Habitamos un mundo de referencias cruzadas donde la escultura empatiza con fotografía, el vídeo con la pintura, la arquitectura con la ingeniería, la gastronomía con la ciencia y la medicina con la tecnología. Pero esto no es nada nuevo, las fachadas de las catedrales barrocas son puro teatro, las esculturas renacentistas están construidas con la racionalidad de las matemáticas, las vanguardias incorporaron principios científicos a sus bases rectoras, y así sucesivamente.

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Comentarios Arquitectos

Lo que aún nos queda del pasado es historia, conservemos estas joyas para las generaciones venideras, el futuro será lo que ellos llaman "líneas rectas limpias" se puede traducir en "grandes ganancias " Excelente artículo.
Maria C. Ballent Maria C. Ballent 05/06/2017 a las 14:18
Muchas gracias, María.

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