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Anfibología

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Anfibología

  La noche ha caído cuando se acerca para pedirme fuego. Mientras, sentado en un banco de la plaza, procuro matar el rato que falta hasta la cena. Apenas intercambiamos una docena de palabras, pero me entero de que se llama Luana y no sé por qué razón accede a subir conmigo a la habitación del hotel cercano. Camina a mi lado y la miro de reojo. Puedo observar la larga melena que casi cubre su rostro de perfil, su traje sastre color pistacho, sus largas piernas sobre unos zapatos de tacón de aguja. Me siento incómodo ante su estatura, varios palmos mayor que la mía. 

El conserje, portero de noche, nos obsequia con una sonrisa profesional al darme las llaves. Cuando franquea la puerta de la habitación, Luana me pide que no encienda la luz. Sentado en la cama observo su silueta cuando sale del baño, antes de que el recinto quede de nuevo en penumbra. La semioscuridad la trata con justicia.

No quiere besos. Toco sus pechos semiesféricos, demasiado sólidos, demasiado perfectos. Mis caricias son contestadas con gemidos guturales, agónicos, casi broncos, casi... masculinos, y deslizo mi mano por su vientre con dirección al sur. Cuando mis dedos se disponen a atravesar la frontera que anuncia el comienzo del vello púbico, una sensación de angustia me asalta. He recordado la frase de Juanito Rus: “Ten cuidado. En esa ciudad es fácil equivocarse”. No me he atrevido a continuar con la exploración. Aterrado por lo que pudiera encontrarme he salido con precipitación, recomponiendo torpemente mi atuendo cuando desciendo por la escalera. 

Abandono tembloroso el edificio. Antes me ha parecido observar cómo el portero de noche ahogaba una carcajada mientras pasaba mi tarjeta por el datáfono.  

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Comentarios Anfibología

Es un buen relato, bien planteado y resuelto. Recuerdo que te dije hace algún tiempo que te vinieras al grupo de Café de Palabras. Yo sé que a ti no te hace falta porque has escrito mil historias y crónicas. Pero ya de paso aprendíamos de ti.
Ya tienes más variedad en tu haber literario. Un saludo. Y sigue.
Cristóbal Encinas Cristóbal Encinas 13/03/2015 a las 17:25

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