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Ana y el siete

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Ana y el siete

¿Ana? ¿A qué Ana se refiere usted? ¿Anilla? Haber empezado por ahí. ¿Hay alguien que no quiera a Ana? Silencio absoluto. 

Ana sabe ser graciosa, risueña, cascabelera y su bonhomía sale a borbotones por sus poros. Se entrega a sus amigos con toda su alma y con todo su karma. A veces otea con su ojo cíclope, huronea, omnisciente,  sobre la mugre que cubre nuestro mundo, se enciende, procaz, ante la sinrazón, sube su nerviosismo a las terrazas, desenvaina su genio como de rayo y, armada de estoque y verduguillo, con dos tacones, entra a matar. Pero enseguida aflora su generosidad con el vencido y pelillos a la mar. 

Ana es romántica, no meliflua, surtidor de corazones melancólicos y suspirantes con los que aliña sus ensaladas, motores de sangre auténtica con vocación de hemorragias.

A Ana le gusta navegar por los procelosos mares del esoterismo. Ahora le ha dado por averiguar por qué el número 7 la ha perseguido toda la vida, cuando enganchaba sus ropas en protuberancias o salientes diversos, echándolas a perder o teniendo que lucir un zurcido o un tomate de dimensiones considerables, con el consiguiente disgusto de su madre y familiares varios. A ver si le puedo echar una mano. 

Lo primero que se me ocurre es que, si no me equivoco, muchos números terminados en 7 son primos: 7, 17, 37, 47, 67, 97, 107, 127, 137… No creo que existan más números primos con otra terminación que no sea el 7. Es por ello un número burlón, caprichoso  que atemoriza al ajustador y pone a prueba al que anda a la caza del número redondo. Pero ahí está el 7, con su chulería, su medio sombrero y su talle de avispa haciendo un desplante mientras mira hacia atrás. Troglodítica hacha y medieval aguijada, este símbolo arábigo del número 7 ha perdido el segundo palito, que todavía se pone en la escritura hológrafa, aquel que cuando Moisés recitaba el decálogo de la Ley, después de descender del monte Sinaí, al llegar al séptimo mandamiento (No desearás a la mujer de tu prójimo) el pueblo le gritaba: “¡Tacha ése!,  ¡Tacha ése!”. 

Recuerdo la copla “El preso número siete (¿O era el número nueve? Bueno, me vale el ejemplo), ya lo van a condenar…”, que cantaba Joan Báez, en los mismos conciertos en que invocaba el “¡No, no, no nos moverán!” (Antes de que se supiera nada de Chanquete) y “Bangladesh”

Ana y los siete, Siete vidas, el Séptimo Cielo, los 7 días de la semana, los 7 días que dura la fase lunar, la Menorá, o candelabro judío de los 7 brazos, que, según la Torá simboliza los 7 orificios del cuerpo humano: 2 ojos, 2 oídos, 2 fosas nasales y la boca. En la cultura judía, el número 7 domina el ciclo del año. Cada séptimo día es Sabbat, el séptimo mes es sagrado y, y cada séptimo año, es un año sabático, así como también la Pascua judía dura 7 días.

Toda la cultura judía está tan llena de sietes que sería muy prolijo hacer una enumeración detallada.

El número 7 ha sido, en la mayoría de culturas, un número mágico y misterioso. Es el resultado de la suma entre 3, (lo celeste), y 4, (lo terrenal). Se le considera un número perfecto, que simboliza la relación/unión de lo divino y lo humano. 

Siete proviene del latín Septem (séptimo). Cuando se pasa del sistema decimal al sistema sexagesimal, se le consideró desde el principio un número irreductible (es muy difícil expresar la séptima parte de algo mediante fracciones sexagesimales). Por ello, se atribuyó este número a los demonios divinos. 

Era de mal agüero emprender cualquier trabajo los días 7, 14 y 28 de cada mes. Este fue uno de los orígenes de la semana y, aunque el Génesis, y demás libros sagrados, hicieron desaparecer el sentido maléfico del 7, todavía lo sacralizaron más. Los antiguos astrónomos, observando el cielo, descubrieron que la mayoría de estrellas no cambiaban de posición, las unas respecto a las otras, durante el año. Únicamente lo hacían 7 cuerpos celestes: la Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y el Sol. Esto dio origen a los 7 días de la semana: lunes: Luna, martes: Marte, miércoles: Mercurio, jueves: Júpiter, viernes: Venus, sábado: Saturno y domingo: el Sol. Sábado proviene de la fiesta hebrea "Sabbat" y Domingo procede de Domus (Dios). 

En la época victoriana, se usaba como tradición en las familias numerosas que, el séptimo hijo, (por sus dotes curativas innatas), cursara la carrera de medicina Se les conocía cómo el hijo Septimus

En esoterismo, el número 7  es el número del destino. Este denota a alguien que está sólo la mayoría de tiempo pero, a diferencia de otros, les gusta la soledad, porque son soñadores y un poco filósofos. El 7 concierne más al conocimiento y al desarrollo espiritual, que a la parte material de la vida. 

El número 7 interfiere, de muchas maneras, en nuestra vida, de cultura tradicional cristiana, pero en la que la cultura oriental va tomando fuerza:

- Los 7 días de la semana.

- Los 7 colores del Arco Iris (rojo, anaranjado, amarillo, verde, azul, añil y violeta).

- Los 7 pecados capitales (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza).

- Las 7 virtudes teologales, contrapuestas a los anteriores (humildad, largueza, castidad, paciencia, templanza, caridad y diligencia).

- Las 7 bienaventuranzas.

- Los 7 sacramentos.

- Las 7 grandes artes (pintura, escultura, arquitectura, literatura, música, danza y cine).

- Los 7 estadios de la persona (infancia, niñez, pubertad, adolescencia, madurez, vejez y senilidad).

- Son 7, (según se dice en el Génesis), los días que tardó Dios en crear el mundo.

- Perdonar 70 veces 7, como los evangelios ponen el boca de Jesús.

- Son 7 los mares del mundo. Se decía “Pirata de los Siete Mares” al que llevaba su rapiña por todos sitios y ejercía o ejerce en todas las campiñas del timo.

- Son 7 los chacras o puntos de energía que tiene nuestro cuerpo.

- Son 7 las maravillas del mundo, tanto antiguo como actual.

- La metafísica habla de 7 estados de conciencia.

- Son 7 las notas musicales.

- Se habla de las 7 vidas de un gato (esoterismo).

- Se dice que, cada 7 años, cambia el metabolismo, (y la suerte), de las personas. 7 años de vacas gordas, 7 de vacas flacas,…

- Son 7 los sellos del Apocalipsis.

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Para finalizar, algo muy curioso:

Simón Bolívar nació el mes 7. Su entrada en la política fue a los 27 años de edad del mes 7. Murió a los 47 años, un 17 de Diciembre a la 1 y 7 minutos de la tarde. Su apellido, Bolívar; consta de 7 letras y su nombre completo, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Palacios consta de 52 letras que, reducidas a una cifra, (5+2), el resultado es 7.

Se podía seguir ampliando el catálogo con muchos más ejemplos, pero lo dejo aquí. En nuestro mundo actual el número 7 sigue teniendo connotaciones mágicas.

Ana y el siete, el siete y Ana. Tal para cual. Dos grandes entes.

Y un gran tándem.

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Comentarios Ana y el siete

(Menos mal que no estaba mi jefe por los alrededores... él hubiera levantado hasta los pies... :-D )
Me voy derritiendo por las esquinas... ¿seré yo, oiga???? ;-)

Pulsa aqui para ver mi regalito de agradecimiento.
..josú...josú...lo que aprendo en esta casa...¡cuanta información, cuanta ocurrencia y cuanto enlace!....¡¡¡pero, cuanta envidia me dais¡¡¡... y vamos.....vamos , si a mi me dedicaran definiciones como la que encabeza el texto....no tendria necesidad de comer al menos en una semana...no me extraña que Ana se derrita...¡¡Ana...ya no vas a  necesitar el frenadollll!!!!
otia josillou... si que sabes de sietes... joé
fortega fortega 12/01/2009 a las 23:21
fortega, te veo con los ojazos que se te salen de las orbitas... cuidadin, cuidadin, que te espera el springgg... jajajja
Besillos pa vusotros, migos der arma..
Anablogg 12/01/2009 a las 23:46
jajja... springggg... jajaja... ¿en qué estaría yo pensandoooo??? SPRINTTTTT...

Varios muakis

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