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Adiós a diciembre, adiós a 2016. Hola, 2017

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Se termina diciembre y con él el año 2016. Un año más viejos, sobre todo los que ya hace demasiado tiempo que abandonamos la juventud. Alguien dijo que diciembre era el viernes del año. Uno queda encajonado entre puentes y fiestas, domingos que parecen sábados, lunes que se transmutan en festivos, anuncios de cenas de amigos, incitaciones a jugar a la lotería, deslumbramiento por bombillismo municipal desaforado (pero menos); entreverado de una picazón ante la grave tesitura que barruntamos se repetirá: varado en unos grandes almacenes una tarde cualquiera sin saber qué comprar a quién y acabando en la sección de librería ojeando y hojeando la biografía de un ser que no le importó a nadie editada por un erudito que bien podría ser el personaje de una novela. 22 euros.

La tentación vive en los expositores. La vida tiene estanterías y las librerías, anaqueles. Hay gente que va a chupar wifi gratis al Bulevar. Al igual que hace años podía pasarse tardes enteras paseando por las librerías de viejo de Madrid, el que suscribe se entretiene en chupar páginas gratis a los grandes almacenes. O en ojear las baldas de novedades de la biblioteca y puede fantasear con una travesura de los diosecillos colándole citas de Javier Marías o John Banville a alguien que esté haciendo la compra on line desde el teléfono o conectado a un chat y metiéndole al que acaricia una novela de Thomas Mann unas líneas táctiles con las que cambiar el argumento que conduce al desastre a la familia que protagoniza la obra.

Ni en agosto caminar ni en diciembre navegar. Diciembre lo teme el jubilado solitario, que sueña con la visita del hijo que vive en el extranjero. Como extranjero se siente él ante la felicidad familiar de los vecinos. Hay champán en los supermercados de barrio, donde mujeres de más de setenta años ataviadas con chándal de mercadillo tratan de descifrar la etiqueta. Palmadas del que nunca saluda, sonrisa del vecino sombrío, colesterol aguardando y un sobrino que espera nochevieja para fumar en familias y sin reconvenciones. Hay gente que en todo el año come doce uvas.

Diciembre sabe a mazapán, a hojaldrina y trae la lanzada del recuerdo en el ánimo de alguien que ya no está y sin quien uno ya nunca será igual. El bebé que ya no lo es tanto queda deslumbrado por juguetes que no sabe nombrar. Los hoteles se llenan en este puente de gente que huye del agujero negro de la rutina. En diciembre, el pastor y el labriego descuidan las ovejas y atizan el fuego. Los novios felices y recién magreados que planean boda para junio no saben que la primera gran discusión que les aguarda es con qué parentela pasar la nochebuena.

Los diciembres se acumulan en el armario de la vida, se suceden y el olor al abeto de aquella casa nos reconforta o nos arrincona. Alguien dijo que diciembre es el viernes del año. Ya nos centrifuga. Casi todo se comienza a postergar con excusa o sin ella. Gran mes para la procrastinación. Qué será de nosotros en enero.

FELIZ NOCHEVIEJA Y FELIZ 2017

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